Pensar en el retiro puede parecer algo lejano, casi abstracto. La mayoría prefiere enfocarse en lo urgente, en el día a día, y deja ese tema “para más adelante”. Pero hay algo que tenemos que tener claro: ese día va a llegar, nos preparemos o no.
Hoy vivimos más y mejor. La medicina, la tecnología y los hábitos saludables extendieron la expectativa de vida a niveles impensados décadas atrás. Sin embargo, esa excelente noticia trae un desafío enorme: los sistemas jubilatorios en todo el mundo están tensionados, y Argentina no es la excepción.
La metáfora es simple: la torta para repartir jubilaciones sigue siendo del mismo tamaño, pero cada año se suman más invitados a la mesa. Vivimos más años, pero aportamos prácticamente lo mismo. La cuenta no cierra.
Para ponerlo en perspectiva: los esquemas previsionales se diseñaron para personas que trabajaban hasta los 65 años y vivían, en promedio, hasta los 75. Hoy esa matemática cambió por completo. Una persona que se jubila a los 65 puede tener 20, 25 o incluso 30 años por delante. Es decir, casi la misma cantidad de años “pasivos” que “activos”. Mantener un buen nivel de vida durante todo ese tiempo requiere estrategia, previsión y una base financiera sólida.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
Lo ideal es que desde el primer ingreso —el primer trabajo, primer emprendimiento o primer sueldo— destinemos un porcentaje fijo a construir nuestro fondo de retiro. No importa si el monto es pequeño: lo que marca la diferencia es la constancia y la anticipación.
Con el tiempo, ese aporte se puede canalizar a través de herramientas de ahorro diseñadas específicamente para este objetivo, o mediante alternativas de inversión más activas. Lo importante es empezar. No existe un plan perfecto, pero sí existe un gran error: no hacer nada.
A partir de los 35 o 40 años suele aparecer una toma de conciencia más fuerte: más responsabilidades familiares, más gastos fijos, menos margen para ahorrar. Pero cada vez más personas jóvenes eligen no esperar: planifican un retiro temprano, buscan independencia financiera o simplemente quieren tener la tranquilidad de elegir cómo será su vida adulta.
Como dice la frase, “el tiempo es dinero”, y en planificación financiera el tiempo es, literalmente, la diferencia entre un esfuerzo enorme y uno completamente manejable.
Un ejemplo cotidiano
Imaginemos que Clara tiene 30 años y decide dejar de pedir delivery en el almuerzo y llevar una vianda desde casa. Destinar el equivalente a un almuerzo diario en la oficina durante todo un mes a su futuro. Son $240.000 por mes ( aprox U$S 150 solo como referencia).
Si invierte ese monto todos los meses en un instrumento conservador que genere un rendimiento moderado, dentro de 20 o 25 años habrá acumulado un capital que puede convertirse en una renta mensual para complementar su jubilación. No necesitó un gran esfuerzo: solo una decisión sostenida en el tiempo.
Esa diferencia entre “me retiro tranquilo” y “¿cómo hago ahora para mantener mi nivel de vida?” está en pequeñas decisiones repetidas durante muchos años.
5 pasos simples para empezar a construir tu fondo de retiro
- Definí un porcentaje fijo de tus ingresos (aunque sea pequeño) destinado exclusivamente al retiro.
- Elegí el instrumento adecuado: soluciones de capitalización, fondos de inversión, o herramientas mixtas.
- Automatizá tus aportes: cuanto menos dependa de la voluntad, más sustentable será.
- Revisá tu estrategia una vez por año para ajustar montos y objetivos según tus ingresos y situación personal.
- Pensá en grande, empezá en pequeño: la clave no es el monto, sino el hábito.
¿Ya estás construyendo tu fondo de retiro? Si querés revisar tu situación actual y diseñar una estrategia eficiente para tu futuro, podemos ayudarte a armar un plan a medida.

